Seres fantásticos del folclore japonés: El Oni (I)

Hoy os voy a hablar sobre un tipo de yokai japonés, criaturas sobrenaturales o fantasmas, que siempre me ha llamado mucho la atención.

Se trata del Oni.













Seguro que os suena muchísimo el nombre: esta criatura ha estado presente en el folklore japonés desde tiempos remotos. Pero se dice que, con la publicación del libro "Teito Monogatari", la popularidad de los Oni aumentó mucho. A día de hoy es uno de los yokais más reiterados y conocidos más allá de las fronteras niponas.

¿Cómo son los Oni? Podemos decir que esta criatura es un "pariente" japonés de nuestros demonios u ogros occidentales, aunque no se puede decir que sean lo mismo. El papel del Oni en la cultura japonesa es complicado y enrevesado, y ha ido cambiando a lo largo del tiempo.
Un buen libro para saber más sobre ellos es la recopilación hecha por Noriko Reider: "Oni from the ancient times to the present".







Físicamente, el Oni tiene rasgos muy marcados que lo caracterizan: sus cuerpos muy grandes y fuertes, muchas veces con pieles de colores muy diversos; caras permanentes de enfado con pelos alborotados, colmillos, cuernos... También se dice de ellos que tienen una fuerza desmedida. Y la maza. En muchísimas imágenes vais a ver al Oni llevando una especie de maza de metal llamada "kanabo" que es símbolo de fuerza física. De este kanabo proviene el siguiente dicho: 鬼に金棒 (Oni-ni kanabo), o "invencible". Además de estos rasgos, casi siempre van vestidos con un taparrabos con rayas de tigre, y en ocasiones pueden presentar anormalidades como varios ojos o varias piernas.

En su origen, el Oni no tenía esta forma humanoide: se decía que eran seres invisibles, intangibles, que merodeaban alrededor de las personas y producían infortunios. Este es el motivo por el que se relaciona al Oni con la mala suerte, e incluso existe un ritual, el Setsubun, un ritual que se lleva a cabo durante el cambio de las estaciones y donde se tiran semillas de soja tostadas para ahuyentar a los Onis y a los malos espíritus, atrayendo así a la buena suerte.









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