Concurso (1): Sin retorno

Título: Sin retorno
Autor: Marta
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Nunca antes había visto aquél sitio en persona, solo en fotos y vídeos, pero ahora estaba allí, con una maleta a cuestas y un puñado de ilusiones. Estaba en un país desconocido, en el que la gente hablaba un idioma extraño y en el que las costumbres eran totalmente diferentes.

Había apurado hasta el último céntimo de sus ahorros para conseguir llegar hasta allí y ahora no tenía ni un solo yen con el que poder siquiera llevarse algo de comida a la boca. Solo había podido comprar dos billetes de avión; uno de ida y otro de vuelta.

Ya desde su casa, allí en occidente, le había llamado la atención aquél país tan lejano y, según le había parecido, tan diferente… Pero una vez allí no encontraba tantas diferencias. Ella venía de una ciudad grande, llena de gente corriendo de arriba para abajo de las calles con un rumbo predeterminado que les encaminaba hacia sus oficinas o demás quehaceres; y había llegado a una ciudad en la que los edificios competían por ver cuál era el más luminoso por la noche y en la que la gente corría, al igual que allí de donde Sara venía, con un rumbo fijo, sin parase a admirar los escaparates llenos de luces que pugnaban por hacerse sombra unos a otros.

¡Aquello no era lo que ella esperaba! ¿Acaso había gastado todos sus ahorros en un billete de avión que le había llevado a una copia exacta del lugar del que venía huyendo?

Caminando por la calle principal de aquella gran ciudad, se dejaba llevar por la marea de gente que se agolpaba para cruzar por los pasos de peatones cuando vio a lo lejos un destello de color. Fue solo un segundo, pero con eso bastó para que Sara echara a correr en dirección contraria a la que la gente le obligaba a ir. ¿Podría ser verdad?

Al doblar la esquina por la que había visto desaparecer aquella luz que perseguía, se dio de bruces con un callejón vacío. ¿Cómo? ¿Después de tantas horas andando entre la muchedumbre y resulta que aquí mismo había una calle despejada? ¡Y tan despejada! No había ni rastro del destello. Debió de habérselo imaginado.

Caía la noche y el paquete de galletas que Sara había podido subir al avión se iba acabando. Ahora no parecía que ese ajetreo de por la mañana hubiera existido. Era como si, de tanto andar, Sara hubiera llegado a un barrio más tranquilo. Aunque la verdad es que, ahora que se fijaba, los altos edificios y los letreros luminosos habían sido sustituidos por edificios de aspecto antiguo y farolillos.

A medida que se acercaba al portal de uno de esos edificios, Sara empezó a oír cómo crecía el sonido de unas voces para, a renglón seguido, aparecer por esa misma puerta una persona ataviada con un elegante kimono. ¡Allí estaba! ¡El destello que había visto esa misma mañana!

Sara se acercó diligentemente a aquellas dos personas que había en el portal, una con aquel rico ropaje, y la otra con un kimono más sencillo, y con el poco japonés que había aprendido a través de Internet, se dirigió a ellas para hacerles ver la admiración que sentía por aquél mundo misterioso y muchas veces desconocido que era el mundo de las Geishas.

Les explicó que eso había sido precisamente lo que la había llevado a viajar hasta allí. También les habló de la desilusión que se había llevado al encontrarse con aquella calle atestada de gente que tanto se parecía a su ciudad, y les dijo lo contenta que se había sentido cuando vio aquél punto de luz entre el bullicio.

Aquellas dos personas, intrigadas por saber de qué país venía aquella desconocida, la invitaron a entrar para que les contara más, y Sara, encantada, pasó la noche detallando los por menores de su país de origen.

Y a la noche le sucedió el día, y al día, la noche, y así pasó el tiempo sin que Sara echara en falta aquél billete de avión que ahora se encontraba todo arrugado en el fondo de su mochila. Aquél que le podría llevar de regreso a España.

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