Concurso: ¡Fin!

Hola a todos,

¡Gracias por participar en el concurso de Japonia! El período de inscripción terminó el 26 de junio a las 14.00 y tenemos en total 3 relatos.
  1. Sin retorno, de Marta
  2. Un sueño hecho realidad, de shinobi
  3. La tela del seño Enokido, de indianatog.

Si queréis leer los relatos, hay una pestaña en la parte superior del blog "Relatos para el concurso de Japonia". Además de la puntuación que recibirán los relatos por parte del jurado (無限 y キツネ) se les sumará los "me gusta" de los lectores.

La fecha del fallo está por decidir, pero avisaremos a los participantes por e-mail.

¡Ánimos, y a votar!

Concurso (3): La tela del señor Enokido

Título: La tela del señor Enokido
Autor: indianatog
Nota: ¡Recordad que los "Me gusta" al final de la entrada suman puntos y, si os gusta, tendrá así más posibilidades de ganar!

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Aunque parezca imposible pensé que era guacamole. Después de haberme tragado una buena cucharada mis amigos me dijeron que era wasabi. Mis ojos en ese momento se nublaron de lágrimas. La nariz me empezó a irritar y pensé que saldría disparado hacia el techo del restaurante.

Así fue mi primer encuentro con Japón y el recuerdo que tenía en mente sentado delante del portal de esa vieja casa del viejo Kyoto. Estaba esperando a dos japonesas que había conocido a través de Facebook. Habíamos quedado a las doce. Cuando faltaba tres minutos para el mediodía entró en la calle estrecha un Mercedes enorme que parecía llenar toda la vía. A través del cristal se podía ver a dos brazos agitándose con animación: Kyoko y Ayumi. 2 torbellinos salieron del lujoso coche: unos abrazos, unas exclamaciones y miles de sonrisas me sacudieron y me transportaron en un guiño en un estado de euforia. Barcelona estaba lejos y todavía pasaría tiempo antes de sentirme aquí como en casa pero ese día me sentí arropado y mimado.
A lo largo de nuestra correspondencia de los meses pasados, les había hablado de mi pasión por el patchwork. Por eso me quisieron enseñar una tienda de telas que se encontraba en las galerías Shinkyogoku: Nomura Tailor.
La entrada adornada de bolsos realizados por la maestra Sato no prefiguraba lo que encontraría al interior. Mis amigas se adentraron en un laberinto de pasillos y de escaleras. Las seguí y finalmente me encontré rodeado de unas estanterías hechas de una madera oscura, casi negra, que desprendía un singular olor a vainilla, canela y pimienta. Lo que al principio tomé por el brillo y los reflejos de cristales tallados eran los motivos de unas telas sedosas que jamás había podido contemplar: el verde era el de la esmeralda más pura, el rojo el del rubís más apasionado. Pero lo que me dejo atónito fue el tacto terciopelado, dulce y algo embriagador que uno experimentaba.
Una mujer estaba sentada a un lado. No parecía ser muy vieja. Nos hizo un gesto para que nos acercáramos a ella. Kyoko me cogió el brazo y empezó a susurrarme al oído la traducción de lo que nos estaba contando esta señora. La tela provenía de la casa del señor Enokido, un hombre que supo producir los más puros hilos de seda gracias a unas plegarias que se fueron trasmitieron siglos tras siglos en su familia. Dicen que el secreto fue desvelado a unos de su antepasado por un monje tibetano en la época del príncipe Shotoku y desde entonces la magia operaba a cada nuevo tejido. Para que perdure el encantamiento, las piezas con motivos verdes se tenían que regalar al primer extranjero que las tocase. Y éste era yo!!! Una emoción enorme se apoderó de mí. Me sentí dichoso y honorado. En la hora siguiente tuve la sensación de estar en el paraíso. Mis amigas fueron una reserva inagotable de paciencia y cuándo salimos de allí fuimos a recomponer fuerza en unos los pequeños restaurantes del mercado Nishiki.

Tengo la tela en la mano, no he soñado. Pero dos días después volví a Nomura Tailor y no supe encontrar las estanterías de vainilla, canela y pimienta.

Los fantasmas en Japón (2)

Desgraciadamente, muchas veces se desconocen los orígenes de las historias folklóricas japonesas, aunque tengamos constancia de ellas de forma escrita. Parece ser que muchos de estos relatos eran legados orales.

A continuación hablaremos sobre otro tipo de fantasma.

二口女
Futakuchi-onna
(lit. la mujer de dos bocas)

Las futakuchi-onna son mujeres que han sido malditas o que reciben algún castigo divino en forma de una segunda boca. Dicha boca se encuentra en la nuca, por debajo del cuero cabelludo, grande y con dientes (que salen del cráneo) y una lengua. Por lo general, esas bocas tienen vida propia y tienen un apetito voraz que, si la portadora no sacia, causará un inmenso dolor por sus gritos. Normalmente comen más que la mujer en un principio y a veces son capaces de usar el cabello de la mujer como si fueran tentáculos para coger comida.

¿Quienes son las víctimas? Hay varias teorías.
Una de ellas estipula que son mujeres que comen poco por miedo a engordar o simplemente porque son tan pobres que no pueden permitirse pagar comida. Si la causa es la primera, esta segunda boca es un castigo por su vanidad, y en el segundo caso es un acto que hace el mismo cuerpo por necesidad.
Otra teoría es que se trata de una mujer que se casó con un hombre que ya tenía un hijo, y que se negó a alimentar el hijo de otra mujer. Éste, que murió de inanición, lleno de ira, introdujo su alma dentro del cuerpo de ella para poder alimentarse.
La siguiente se trata de un matrimonio malavenido: el hombre es tacaño y no quiere tener que alimentar a su mujer, y tras una feroz disputa el hombre le causa un corte en la nuca con un hacha (algunas historias afirman que fue un accidente) y la herida se convierte en una segunda boca como castigo para el marido.
Una de las teorías más intrigantes mezcla estas dos últimas: el hombre, enfadado por la muerte de su hijo, ataca a la mujer y crea esta maldición.

動物占い (Doubutsu Uranai) (7 - Mapache)


たぬき - Mapache

Tiene mil caras y se adapta a todo


Muy bueno a la hora de disfrazarse, el mapache puede transformarse en cualquier personaje por lo que capaz de acaramelar a incluso a sus jefes. Es confiado sin dudarlo y afronta cualquier reto con energía. Atrae a los demás de forma natural.

En cuanto al amor, es tímido y conservativo. Es pasivo, así que no es capaz de declararse a la persona que le gusta ni de arrebatarlo. Una vez encuentra las cualidades de su pareja hace lo posible por potenciarlas. Tiene una mentalidad muy abierta.

El mapache tiene una capacidad increíble de metamorfosearse, y aunque es quien puede transformarse en cualquier otro animal siempre lo delatará la cola. Tiene mucha confianza en sí mismo, así que auque te diga “Entendido” puede que se le olvide, y aún así no es posible odiarlo, sino que es muy querido.

• Respeta y honra cualquier cosa, experiencias y eventos.
• Le gustan los juegos de palabras y extrañas distorsiones.
• Los ancianos lo adoran.
• Quiere montar una tienda de lo que le gusta.
• Cuando habla sobre otras personas enseguida cambia de tema para hablar sobre sí mismo.
• Es muy confiado.
• Se le olvidan las cosas, así que parece ser una persona irresponsable.
• Le encantan los fideos SOBA.

Los nuevos grupos religiosos

Japón no comenzó a tener consciencia de tener una religión propia (el sintoísmo) hasta que se produjo el contraste de ideas con el budismo chino así que, a diferencia de otras culturas y sociedades que desde un principio basaron toda su existencia en la creencia de unas divinidades mayores, el país nipón no parece haberse preocupado más que de justificar la presencia del emperador. Es indudable afirmar que Japón es un claro ejemplo del concepto de “sincretismo religioso”: un mismo individuo puede basar su filosofía en el confucianismo, su doctrina en el sintoísmo y, finalmente, su visión de la vida y la muerte en el budismo.

Los años 90 en Japón produjeron grandes cambios, no sólo en la economía y la sociedad, sino en la mentalidad de las personas. La Segunda Guerra Mundial había quedado atrás y abundaba el dinero y las riquezas, y pronto los japoneses perdieron de vista lo que su historia les había enseñado no hacía ni medio siglo. Fue también el que Japón se convirtiera en un país oficialmente laico lo que impulsó a muchas organizaciones a convertirse en “nuevas religiones”, en muchas ocasiones denominadas despectivamente “sectas”. Éstas suelen combinar muchos aspectos del sintoísmo y del budismo, y un gran número incluye también las doctrinas cristiano-católicas. ¿Por qué se unían los japoneses a dichas “sectas”?

Una de las más conocidas y polémicas es, sin duda alguna, Aum Shinriky, fundada por Asahara Shoko (nombre real: Matsumoto Chizuo) en 1984. Esta organización comenzó como un club de yoga donde se enseñaba la filosofía del gurú a cambio de una cantidad alta (si la organización pasaba por un momento económico próspero, la inscripción podía incluso superar el millón de yenes). Según varias entrevistas realizadas por Murakami Haruki a miembros o exmiembros de Aum, Matsumoto tenía un “aire” especial, una energía espiritual absorbente e imposible de ignorar. Cuando les preguntaban el por qué de su atracción, muchos admitían sentirse desasociados con respecto a la comunidad nipona. Aum, decían, les ofrecía vivir una utopía.

Pero no todas las sectas están ligadas al terrorismo. Otra de las religiones más conocidas es Soka Gakkai, que basa sus enseñanzas en el budismo Nichiren y en el Sutra del Loto. Su objetivo es la reforma individual (llamada también “revolución humana”) para así lograr la paz y la felicidad eterna e indiscriminada además de la mejora a nivel personal. Pacífica hasta la médula, Soka Gakkai incluso apoya a la ONU y tiene varias oficinas de enlace y colaboran para ayudar tanto a nivel nacional como internacional.

Es por ese motivo por lo que no se puede tachar a todas las nuevas religiones de asociaciones terroristas y malignas, ni a todas de buenas y salvadoras. ¿A qué se debe este “boom” de religiones en los 90? Probablemente la sociedad creció a un ritmo demasiado rápido, tanto que sus propios habitantes se sentían perdidos después de tantos cambios en el siglo XX (entre ellos, las dos guerras mundiales).

Concurso (2): Un sueño hecho realidad

Título: Un sueño hecho realidad
Autor: Shinobi
Nota: ¡Recordad que los "Me gusta" al final de la entrada suman puntos y, si os gusta, tendrá así más posibilidades de ganar!

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Llevaba soñando con ello prácticamente toda mi vida. De hecho, recordaba haber tenido ese sueño desde que tenía memoria: Japón. Después de muchos años planeando aquel deseoso viaje, después de haber imaginado mil y una veces cómo sería pasear por las calles de Tokyo en una noche fría y con nieve alrededor, después de desear poder visitar el Kodokan, el lugar del nacimiento del Judo mi estimado deporte; estaba contemplando las dulces nubes en el aire que vaticinaban mi ansiado destino, el aeropuerto de Narita. Unas nubes que sabía con certeza que no pertenecía a mi tierra, eran especiales, estaban en Asia.

Des de la ventanilla de mi asiento en el avión observaba un cielo azul intenso que anunciaba mi nueva aventura en el país del sol naciente.

Expectación, ante todo sentía ansias de poder tocar tierra y cumplir con mi destino. Mi mente volvió a imaginar. Ya no estaba en el avión, sino visitando la ciudad de Hiroshima y rememorando su historia. Luego, me dirigía hacia la estación y cogía el Shinkansen o tren bala para poder llegar a otro hermoso lugar de ese fantástico país. Pero una voz interrumpió mis pensamientos. Era el altavoz del avión.

“Señores pasajeros, abróchense los cinturones. El avión va a proceder a su aterrizaje dentro de unos minutos. Muchas gracias.”

Después lo repitió en japonés.

Me abroché el cinturón y dejé que mi mente volviese a divagar por los mares de la imaginación. Pero esta vez ya no imaginaba, sino que rememoraba todas las series anime que había visto, todos los doramas que había seguido y que había observado con detenimiento para poder imaginarme como seria vivir en Japón. Y ahora, por fin, después de mucho trabajo y esfuerzo, iba a cumplir mi sueño.

El avión comenzó a descender. Mi pulso se aceleró ante tal expectación que me aferre con fuerza al sillón del avión. Un aterrizaje de un Boeieng 747 sumado a la intensa sensación de estar a punto de realizar una de las grandes metas de tu vida era una mezcla interesante. Mientras descendía el avión, tenía la sensación de que el estomago me estaba subiendo. Y cuando finalmente sentí un gran choque y voté contra el asiento supe que había llegado: POR FIN ESTABA EN JAPÓN.

“Señoras y señores el aterrizaje se ha efectuado con éxito. Hagan el favor de recoger sus pertenencias y abandonen el avión por las salidas que nuestro personal les indique. Muchas gracias por haber volando y confiado en Japan Airlines y disfruten de su estancia en Japón.”

Era la dulce melodía que anunciaba el fin. El fin de un viaje, el inicio de una aventura. La aventura de mi vida, la aventura de visitar Japón.

Era de día, hacia un sol resplandeciente y solo se me ocurría una cosa, dar gracias de poder vivir aquella experiencia.

“Arigatou gozaimasu Nihon”.

Concurso Japonia (Fechas: cambios)

¡Hola a todos!

Tras varias consultas con algunos de quienes se han mostrado interesados en participar en el concurso de relatos de Japonia, se ha decidido atrasar la entrega.
Ahora, la fecha límite para entregar los relatos será el: 26 de junio a las 14.00h.
Se ha tenido en cuenta que junio es época de exámenes para los estudiantes, así que desde aquí ¡Japonia os anima con vuestros estudios y a participar en el concurso!

PS. Recordad que, cuanto más tiempo tengamos el relato, más posibilidades tendréis de obtener "me gustas" (que añaden a la puntuación del jurado) y por lo tanto ¡más probabilidad tendréis de ganar!

Resultado de la segunda encuesta

¡Hola a todos!

Muchísimas gracias a todos los participantes de la segunda encuestra: "¿Qué fue lo que os inició en el mundo japonés?"
Éstos son los resultados:
Votos en total: 19
14 personas (73%): Anime yManga.
5 personas (26%): El idioma
4 personas (21%): Otros (sin especificaciones)
2 personas (10%): Artes Marciales / Filosofía
1 persona (5%): Política y economía / Historia
0 resultados: Literatura

¡Gracias a todos por vuestra colaboración!

Concurso (1): Sin retorno

Título: Sin retorno
Autor: Marta
Nota: ¡Recordad que los "Me gusta" al final de la entrada suman puntos y, si os gusta, tendrá así más posibilidades de ganar!

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Nunca antes había visto aquél sitio en persona, solo en fotos y vídeos, pero ahora estaba allí, con una maleta a cuestas y un puñado de ilusiones. Estaba en un país desconocido, en el que la gente hablaba un idioma extraño y en el que las costumbres eran totalmente diferentes.

Había apurado hasta el último céntimo de sus ahorros para conseguir llegar hasta allí y ahora no tenía ni un solo yen con el que poder siquiera llevarse algo de comida a la boca. Solo había podido comprar dos billetes de avión; uno de ida y otro de vuelta.

Ya desde su casa, allí en occidente, le había llamado la atención aquél país tan lejano y, según le había parecido, tan diferente… Pero una vez allí no encontraba tantas diferencias. Ella venía de una ciudad grande, llena de gente corriendo de arriba para abajo de las calles con un rumbo predeterminado que les encaminaba hacia sus oficinas o demás quehaceres; y había llegado a una ciudad en la que los edificios competían por ver cuál era el más luminoso por la noche y en la que la gente corría, al igual que allí de donde Sara venía, con un rumbo fijo, sin parase a admirar los escaparates llenos de luces que pugnaban por hacerse sombra unos a otros.

¡Aquello no era lo que ella esperaba! ¿Acaso había gastado todos sus ahorros en un billete de avión que le había llevado a una copia exacta del lugar del que venía huyendo?

Caminando por la calle principal de aquella gran ciudad, se dejaba llevar por la marea de gente que se agolpaba para cruzar por los pasos de peatones cuando vio a lo lejos un destello de color. Fue solo un segundo, pero con eso bastó para que Sara echara a correr en dirección contraria a la que la gente le obligaba a ir. ¿Podría ser verdad?

Al doblar la esquina por la que había visto desaparecer aquella luz que perseguía, se dio de bruces con un callejón vacío. ¿Cómo? ¿Después de tantas horas andando entre la muchedumbre y resulta que aquí mismo había una calle despejada? ¡Y tan despejada! No había ni rastro del destello. Debió de habérselo imaginado.

Caía la noche y el paquete de galletas que Sara había podido subir al avión se iba acabando. Ahora no parecía que ese ajetreo de por la mañana hubiera existido. Era como si, de tanto andar, Sara hubiera llegado a un barrio más tranquilo. Aunque la verdad es que, ahora que se fijaba, los altos edificios y los letreros luminosos habían sido sustituidos por edificios de aspecto antiguo y farolillos.

A medida que se acercaba al portal de uno de esos edificios, Sara empezó a oír cómo crecía el sonido de unas voces para, a renglón seguido, aparecer por esa misma puerta una persona ataviada con un elegante kimono. ¡Allí estaba! ¡El destello que había visto esa misma mañana!

Sara se acercó diligentemente a aquellas dos personas que había en el portal, una con aquel rico ropaje, y la otra con un kimono más sencillo, y con el poco japonés que había aprendido a través de Internet, se dirigió a ellas para hacerles ver la admiración que sentía por aquél mundo misterioso y muchas veces desconocido que era el mundo de las Geishas.

Les explicó que eso había sido precisamente lo que la había llevado a viajar hasta allí. También les habló de la desilusión que se había llevado al encontrarse con aquella calle atestada de gente que tanto se parecía a su ciudad, y les dijo lo contenta que se había sentido cuando vio aquél punto de luz entre el bullicio.

Aquellas dos personas, intrigadas por saber de qué país venía aquella desconocida, la invitaron a entrar para que les contara más, y Sara, encantada, pasó la noche detallando los por menores de su país de origen.

Y a la noche le sucedió el día, y al día, la noche, y así pasó el tiempo sin que Sara echara en falta aquél billete de avión que ahora se encontraba todo arrugado en el fondo de su mochila. Aquél que le podría llevar de regreso a España.